Programa Sense Ficció TV3

Avui dimarts, dia 13 de maig, a les 22:38 hores TV3 emet el programa Sense ficció dedicat a joves adoptats que ja han arribat a la seva majoria d’edat i expliquen la seva experiència.
És un documental interessant i ben fet, presenta l’experiència vital de diferents joves adoptats internacionalment i també a Catalunya, parlen dels seus orígens i de com han viscut l’adopció.
Us informem d’aquesta emissió per si pot ser del vostre interès.

 

Hoy martes, día 13 de mayo, a las 22:38 horas TV3 emite el programa Sense ficció dedicado a jóvenes adoptados que ya han llegado a su mayoría de edad y cuentan su experiencia.
Es un documental interesante y bien hecho, presenta la experiencia vital de diferentes jóvenes adoptados internacionalmente y también en Cataluña, hablan de sus orígenes y de cómo han vivido la adopción.
Os informamos de esta emisión por si puede ser de vuestro interés.

 

 

 

 

Reportatge fotogràfic / Reportaje fotográfico

La Marta i la Montse, mares d’en Lluc i d’en Talal, s’ocuparan, amb l’ajuda d’en Candi i en Xavi, del reportatge fotogràfic que va sorgir com a idea a la darrera trobada de tardor de 2013.

Convoquem a les famílies interessades, que ens van deixar les seves dades en el seu moment, a la presentació del projecte el dia 26 d’abril a les 17:00 h a la seu d’IMA (Av. Diagonal, 365, 1r 2a).

Per saber amb la gent que hi comptarem, us agrairíem que us apuntéssiu pitjant la tecla que trobareu en la notícia del reportatge que hi ha al nostre web. També podeu fer-ho les famílies que en un primer moment no us vau posar en contacte amb nosaltres, però que ara sí que teniu ganes de participar-hi.

Us hi esperem!

 

Marta y Montse, madres de Lluc y de Talal, se ocuparán, con la ayuda de Candi y Xavi, del reportaje fotográfico que surgió como idea en el último encuentro de otoño de 2013.

Convocamos a las familias interesadas, que nos dejaron sus datos en su momento, a la presentación del proyecto el día 26 de abril a las 17:00 h en la sede de IMA (Av. Diagonal, 365, 1º 2ª).

Para saber con cuánta gente contaremos, os agradeceríamos que os apuntaseis pulsando la tecla que encontraréis en la parte inferior del anuncio que hay en nuestra web. También podéis acceder las familias que en un primer momento no us pusisteis en contacto con nosotros, pero que ahora sí que os apetece participar.

¡Os esperamos!

 

Trobada de tardor / Encuentro de otoño

Benvolgudes famílies,

El proper diumenge 24 de novembre farem la trobada de tardor, serà a l’Alberg Torre Ametller de Cabrera de Mar
(http://www.xanascat.cat/showhostel.tjc?id=237&index=2).

Com sempre ens trobarem entre les 11 i les 12 del matí, dinarem plegats i a la tarda hi haurà alguna activitat amb monitors per als nens, mentre els grans farem una reunió en què es parlarà de la situació de les kafales i de les àrees d’activitat que IMA vol potenciar amb la incorporació de noves persones.

Pel que fa al dinar, els adults tindrien un preu unitari d’11 euros i els nens fins a 8 anys de 5,10 euros. Si voleu portar-vos el dinar de casa el preu unitari sortiria per 5,50 euros per utilització de l’espai.

De moment us podeu anar guardant el dia a la vostra agenda. Per
inscriure-us veureu al nostre web el link corresponent per confirmar la vostra assistència.

Us hi esperem a tots,

Junta d’IMA

 

Queridas familias,

El próximo domingo 24 de noviembre haremos el encuentro de otoño, será en el Albergue Torre Ametller de Cabrera de Mar
(http://www.xanascat.cat/showhostel.tjc?id=237&index=2).

Como siempre nos encontraremos entre las 11 y las 12 de la mañana, comeremos juntos y a la tarde habrá alguna actividad con monitores para los niños, mientras tanto los mayores haremos una reunión en la que se hablará de la situación de las kafalas y de las áreas de actividad que IMA quiere potenciar con la incorporación de nuevas personas.

Respecto a la comida, los adultos tendrían un precio unitario de 11 euros y los niños hasta 8 años de 5,10 euros. Si queréis traeros la comida de casa el precio unitario saldría por 5,50 euros por utilización del espacio.

De momento os podéis ir guardando el día en vuestra agenda. Para inscribiros veréis en nuestra web el link correspondiente para confirmar vuestra asistencia.

Os esperamos a todos,

Junta de IMA
 

 

MALENTENDIDOS

De esta historia que explicamos a continuación, los hechos son reales, los nombres de los lugares y las personas han cambiado.

A principios de 2009, la directora de la créche de Safi, Mme. Zaahira, nos escribió que en la créche había niños con acta de abandono y nos preguntaba si conocíamos familias interesadas en hacer la kafala de cuatro niños. Nos pusimos en contacto con las familias que pensábamos que podrían estar a punto para viajar (tenían la conversión hecha y todos los papeles legalizados y traducidos) y les comentamos el caso.

La primera fue Montse, envió la solicitud a la créche y al cabo de unos días recibía un correo con la asignación de un niño. Después Joana envió la solicitud y se repitió lo mismo, al cabo de unos días tenía un niño asignado. La siguiente semana Iván y Rocío escribieron a la directora y ésta les asignó un hermano para su hijo kafalado hacía un par de años en Tánger.

Habíamos contactado con una cuarta familia, Sara y Paco, les explicamos el caso y rápidamente se animaron y enviaron la solicitud. Pasaron unos días y no tenían noticias de la créche. Extrañados llamaron a ver si había algún problema. No consiguieron entender qué obstáculo había, pero Mme. Zaahira les dijo que debían esperar. Y así lo hicieron. Fue pasando el tiempo. Las otras familias comenzaron sus kafalas y ellos no lograban averiguar porque no se les podía asignar.

Un día que Sara y Paco volvieron a llamar a Mme. Zaahira, descubrieron donde podía haber habido el problema, la directora les comentó que tenía una solicitud de una familia que se llamaban Sara y Francisco, pero de ellos, Sara y Paco, no, no la había recibido. Entonces ellos le comentaron que era su solicitud, que Paco y Francisco son el mismo en España. Parecía que habían encontrado donde estaba el problema y que ahora ya se solucionaría. Pero no. Pasaba el tiempo, seguían llamando, pero no obtenían el visto bueno para viajar y hacer la asignación. Así que, muy a regañadientes, decidieron cambiar de ciudad. Solicitaron la kafala en otra ciudad y al cabo de unos meses tenían asignación, hicieron la kafala y volvieron a casa con su hijo.

Las kafalas en esta ciudad se han seguido haciendo, es una ciudad pequeña, se hacen muy pocas kafalas, hay pocos niños y se compaginan con kafalas nacionales e internacionales de otros países, como en todas partes, prácticamente. Pero más o menos dos o tres al año se han ido haciendo desde 2009. Actualmente hay dos familias españolas que enviaron las solicitudes en octubre de 2011. Estas últimas semanas ha habido muchos mails desde la créche hacia las familias, de las familias a IMA y por el camino inverso.

Un fin de semana que tenía tiempo, Mme. Zaahira se puso a poner en orden los papeles de los niños y de las solicitudes de familias para ver si se podían empezar algunas kafalas. Nos escribió que tenía tres solicitudes de España, nosotros sólo conocíamos dos, pensamos que la tercera familia habría hecho la solicitud por iniciativa suya (los datos de la créche están en internet, así que no hay que contactar con IMA para conocerlas y saber cómo es el procedimiento). Mme. Zaahira envió un correo electrónico a las tres familias interesándose por su situación en cuanto a comenzar una kafala en su centro.

Al cabo de unos días recibimos un correo en el buzón de IMA de Sara y Paco comentando que les había escrito Mme. Zaahira que les pedía por sus intenciones de kafalar en Safi y muy extrañados porque ellos tenían un niño kafalado en Agadir en 2009 y no tenían intención de momento de hacer una segunda kafala….

Rápidamente recordamos la historia de esta familia y el malentendido que hubo en Marruecos con su nombre (Paco-Francisco). Escribimos a Mme. Zaahira explicándole lo que había pasado. Se aclararon las cosas y ella actualizó sus archivos.

Todo esto viene para comentar las dificultades añadidas que a veces se nos presentan en los procesos de kafala y que no podemos pasar por alto. Una cosa tan asumida por nosotros como que Paco y Francisco son el mismo nombre, en Marruecos no es así. Y este es un detalle pequeño pero que dio muchos quebraderos de cabeza durante un tiempo a esta familia, además en un momento de mucha emoción como puede ser el de la posibilidad de una inminente asignación.

Pero como esta anécdota podemos encontrar muchas otras cosas que en nuestra cultura son normales y no lo son en Marruecos, desde comportamientos, formas de hablar o de hacer, actitudes… y que no les damos importancia porque las tenemos asumidas y ni nos damos cuenta. Pero que nos causan problemas ya que entran en contradicción con la cultura del país de origen de nuestros hijos y sobre todo con las personas que nos acompañan en el proceso (personal de las créches, abogados) o que son actores principales (jueces, autoridades implicadas, procuradores) o incluso con la sociedad marroquí.

Hablamos de cómo decimos las cosas, de las actitudes de impaciencia por los plazos, de la manera de vestir, de la conveniencia, o no, de hacer según qué tipo de regalos para evitar ningún tipo de mala interpretación, y de todo aquello que pueda originar rechazo o recelo.

Una de las demandas que nos han hecho las personas con las que hemos hablado durante este viaje que hemos hecho a Marruecos hace unos días, es que las familias deberían mejorar los conocimientos en la cultura y manera de hacer de Marruecos y del Islam.

Os queríamos contar esta pequeña historia para que podamos todos reflexionar y darnos cuenta de la importancia y el impacto que puede llegar a tener la carencia que tenemos de lo que es Marruecos y del Islam, un país y una cultura que está tan cerca pero a la vez tan lejos de nosotros…

Es responsabilidad de todos, de la asociación y de las familias, procurar mejorar en este aspecto.

Reflexiones sobre la kafala

Núria y Pepe hicieron su kafala a finales del 2009, en aquel momento escribieron el texto que reproducimos a continuación y que publicamos en el boletín de marzo de 2010, es un artículo donde comentan sensaciones y reflexiones en torno al proceso de kafala de su hijo, y que pensamos que son plenamente actuales y que vale la pena releer para continuar reflexionando.

A principios de noviembre comenzó nuestro proceso de kafala en Rabat. Hacía varios meses que conreábamos la maravillosa virtud de la paciencia con contactos y esperas infructuosas en otras ciudades cuando desde IMA nos llegó el contacto de la abogada y la llamamos. Los eventos, de manera muy agradablemente sorprendente, se precipitaron. Aunque en aquel momento no lo sabíamos, en menos de dos semanas conoceríamos a nuestro hijo y en poco más de dos meses estaríamos los tres en casa.

Cada uno sabe después de qué, cómo, y en qué condiciones llega a esta fase de su camino hacia la p(m)aternidad. Llegado el punto en que desde IMA o desde donde sea te llega el teléfono de un abogado que cobrará por ayudarte a hacer los trámites en Marruecos, resulta quizás tentador colocarse en la posición mercantilista de “quien paga manda” y adoptar una visión no carente de prepotente colonialismo en el sentido de que “en España/Cataluña las cosas funcionan así y, como vengo y pago, quiero que funcionen igual” … pero hay que hacer el esfuerzo de tratar de ponerse en el lugar de los demás, en este caso de los marroquíes que ven llegar el extranjero a buscar un niño.

Probablemente eso es importante en cualquier proceso adoptivo en cualquier país del mundo, pero en Marruecos toma una especial relevancia por las particularidades del proceso de kafala. Esta reflexión la habíamos oído y leído infinidad de veces en las reuniones y los boletines de IMA hasta el punto de decir “sí, ya, vale, que ya lo hemos oído” … pero después de vivirlo en primera persona, de hacer nuestra kafala y de pasar casi dos meses en Rabat, coincidiendo con muchas familias en muchas situaciones, creemos que hay que insistir aún más.

El proceso es frágil, y pende de un hilo. En estos momentos (finales del 2009/principios del 2010) que salgan niños de la crèche hacia España depende de una cadena de personas: la abogada que sabe cómo moverse en los laberintos de la burocracia judicial de Rabat, el juez que es partidario de dar kafalas a extranjeros, la directora de la crèche que es quien hace las asignaciones, y el personal del consulado que hace el visado del niño. La cadena tiene otras baldas probablemente no menos importantes: las ayudantes de la abogada, la secretaria del juez, las responsables y las cuidadoras de la crèche … y cada una de ellas, cada una de estas personas, es imprescindible, por ahora, para qué las kafala sigan saliendo –al menos hasta que no aparezcan otras personas que demuestren que pueden hacer que el proceso siga funcionando.

Aparte de que Allah les conserve la salud muchos años, es necesario también que esta gente no se harte de su trabajo. Somos testigos directos de que las personas implicadas (cada una con su forma de ser) hacen todo lo que está en sus manos para que los trámites se simplifiquen y vayan con la máxima celeridad, a pesar de las dificultades y las presiones que reciben del sistema, del entorno y también de algunas familias. En este sentido, hay que evitar que vuelvan la espalda a los españoles como colectivo como consecuencia de la actitud particular de alguna familia. Después de nuestra experiencia, pensamos que mucha gente no es consciente de la delicada posición del juez, de la honestidad de la directora de la crèche o de la cantidad y dificultad del trabajo que hacen la abogada y sus ayudantes, implicándose más allá de lo que sería esperable y siendo (creemos que injustamente) tildadas de “peseteras”.

Quizá porque ambos hemos sido emigrantes en algún momento de nuestras vidas, estamos convencidos que el respeto a la cultura de acogida y la integración, en la medida de lo posible, son un deber del extranjero que llega a un lugar nuevo y la clave para su aceptación. Ahora, como mucha gente, apreciamos que los recién llegados hagan el esfuerzo para aprender nuestra lengua, y nos disgusta que hablen mal de nuestro país o que no respeten las normas de convivencia que tenemos instauradas y que hacen que nuestra sociedad, con sus virtudes y sus defectos, sea como es. No es necesario un gran ejercicio de empatía para darse cuenta de que los habitantes de otros países les pasa lo mismo, y los marroquíes no son una excepción.

Hacer una kafala no implica quedarse a vivir en Marruecos, naturalmente, ni encontrar trabajo, claro… pero tampoco es un viaje de paso. Durante un tiempo (días, semanas, meses, según el caso) hay una convivencia y una interacción profunda con mucha gente marroquí implicada en el proceso que debe permitir que un niño(a) deje la crèche para convertirse en nuestro hijo(a): desde las cuidadoras que están al cargo hasta el juez que nos ha de dar la tutela, pasando naturalmente por la abogada, la directora de la crèche, o el vigilante de la puerta del orfanato, muchas personas hacen posible que la kafala se lleve a cabo.

Es pues por nuestro propio interés, por el de las familias que vendrán detrás y, sobre todo, por el interés de los niños que esperan ser kafalados, que es muy recomendable (por no decir que tenemos la obligación de) mantener una actitud respetuosa con personas e instituciones. No podemos perder de vista que, a ojos de muchos marroquíes, somos unos extranjeros que, desde nuestra posición privilegiada, llegamos a llevarnos un niño. De entrada es inevitable que despertamos un cierto recelo. Si nuestra actitud es de prepotencia, el rechazo está garantizado y bien merecido. Estamos en Marruecos, somos unos invitados, vamos a buscar a nuestro hijo y, estemos o no de acuerdo con el sistema, nos tenemos que adaptar a cómo funcionan las cosas. La humildad y el respeto en el trato (con todo el mundo) son fundamentales para garantizar la continuidad de los procesos. Aparte de obedecer al sentido común y de ser mínimamente educados, algo tan simple como aprender cuatro palabras en árabe para poder decir “buenos días”, “por favor”, “gracias” o “cómo estás” nos ayuda a relacionarnos y nos abre muchas puertas (¿o es que acaso en casa no cambia nuestra actitud cuando alguien con aspecto foráneo hace el esfuerzo de dirigirse a nosotros en catalán/castellano/euskera…?).

Desconocemos la motivación última del juez para facilitar las kafalas de extranjeros, pero después de nuestra experiencia creemos que tiene un interés genuino en el bienestar de los niños. El juez se puede imaginar que al niño no le faltará nada desde el punto de vista material, pero le gusta saber que es un niño deseado (por los padres y la familia extensa) y que es y será un niño querido en su nueva vida.

Nosotros conocimos a P. en el Lalla Meriem a mediados de noviembre. Pasamos diez días con él y volvimos a casa durante una semana para arreglar temas pendientes. A principios de diciembre fuimos hacia Rabat de nuevo para quedarnos con él hasta el final del proceso. Quizás no siempre es posible, e implica siempre sacrificios personales y materiales, claro, pero poder pasar el máximo tiempo con el niño en su entorno, vivir su día a día y convivir con las personas que lo han visto crecer es una experiencia muy enriquecedora y muy recomendable, para la familia y para el niño. Cuando nos llegó el juicio, el 28 de diciembre, la convivencia había hecho que aquel niño que habíamos conocido hacía seis semanas ya fuera nuestro hijo, pero, sobre todo, que él también hubiera establecido un vínculo inequívoco con nosotros, y el juez lo valoró mucho. Por otro lado, se nos hizo patente que para el juez, como por muchos marroquíes implicados o no en el proceso, el hecho de que un niño salga de Marruecos y pierda su cultura de origen es un mal menor ante la perspectiva de que tendrá una familia, será amado y recibirá una educación… pero sigue siendo un “pequeño mal”. Es por ello que el juez –y el resto de gente- valoran y aprecian mucho que la familia se interese por la cultura marroquí y la lengua árabe, las conozca mínimamente, las respete y tenga la intención de hacer que el niño, desde el su nuevo país, no pierda del todo el contacto con el país que le vio nacer.

A nosotros, personalmente, la afinidad con Marruecos nos venía de antes. Cuando optamos por la vía de la adopción para convertirnos en padres, tuvimos claro desde el primer momento que nuestro hijo tenía que venir de Marruecos. Queríamos que su país de origen y el nuestro tuvieran el máximo en común, que fueran cercanos físicamente y emocionalmente también, y en este sentido siempre habíamos experimentado un sentimiento de vínculo con el norte de África, quizá por aquello de la mediterraneidad y por la herencia común que compartimos.

La religión marca la cultura, sí, a ambos lados del estrecho, pero si nos deshacen de este envoltorio que diferencia y vemos a las personas más allá de la religiosidad y las costumbres que ésta implica, nos damos cuenta que nuestra idiosincrasia nos acerca mucho más al norte de África que al norte de Europa. Aquí se come cerdo (¡mucho!) y se bebe alcohol, y la gente menor de 65 años quizás ni sabe qué es la cuaresma, y hay que ir a un pueblo de la España profunda para ver que en el bar sólo hay hombres, y las señoras ya no llevan mantilla cuando van a misa porque cada vez hay menos gente que va a misa, y las mujeres ahora los tienen más bien puestos y no se resignan a aguantar el marido que les ha tocado, y ya somos un país de acogida y no un país de emigrantes … pero a pesar de la globalización y la influencia anglosajona, seguimos teniendo todavía un cierto sentimiento de tribu y damos importancia extrema a la familia, y a los niños, y a las personas mayores, y quizás lo estamos perdiendo un poco pero seguimos siendo hospitalarios, nos gusta hacer vida en la calle, ir al mercado, charlar de banalidades y arreglar el mundo, y nos reímos fuerte y gritamos, y nuestro sentido de la puntualidad escandaliza a un inglés. Quizás hay que ir un poco más al sur para ver que no hace tantos años que las cosas aquí no eran tan diferentes de como son ahora en muchos lugares de Marruecos, pero siguen siendo muchos más los rasgos que nos unen que los que nos hacen diferentes.

Hace casi dos meses que estamos en casa, con P. Ahora las semanas que pasamos en Rabat, la rutina de la crèche, los nervios por la huelga de funcionarios de justicia, los biberones en fila, las lluvias torrenciales y las caras de tonto cuando no entiendes nada de lo que está pasando y te dejas llevar, parecen muy lejos. Pero quedan cerca las personas que nos hicieron fácil y agradable la estancia, sus risas tiernas con nuestro árabe macarrónico, sus esfuerzos para sacar lo mejor de unas condiciones difíciles, su honestidad y la complicidad y comprensión con que nos acogieron, ayudaron y acompañaron por un proceso que sin ellos habría sido totalmente inalcanzable. Les estaremos siempre infinitamente agradecidos porque ellos han hecho posible que cada día podamos ver la sonrisa de felicidad de P. al despertarse.

Pepe y Nuria. Febrero de 2010

 

Josep y Carme

Josep y Carme hicieron la kafala de sus dos hijos en la crèche Lalla Meriem de Rabat los años 1996 y 2000. Son de las primeras familias españolas que hicieron una kafala en Marruecos y que posteriormente adoptaron sus hijos aquí. Junto con otras familias fundaron IMA año 2000 y Josep presidió la asociación hasta finales del año 2003. Les agradecemos que hayan tenido la gentileza de responder las preguntas de este cuestionario.

¿Cómo conocisteis la posibilidad de hacer una kafala y cuál fue la motivación para elegir Marruecos como país de origen de vuestros hijos?

Desde el momento en que nos planteamos la adopción, la idea de un país norteafricano estuvo presente. La fascinación de Carme por la cultura árabe se contagió a Josep. Esto era alrededor de 1993. Desgraciadamente, sin embargo, todas las llamadas, visitas y gestiones terminaban con la misma respuesta: la adopción en el Magreb es imposible. Cuando ya lo habíamos dado por perdido y tramitábamos para Suramérica, un día nos enteramos casualmente que al lado de casa una pareja había adoptado en Marruecos, a través de unos conocidos que tenían relaciones comerciales: el día siguiente ya estábamos en Rabat. Era 1995.

En el momento de hacer vuestra primera kafala, comenzaba en España el interés por las adopciones internacionales. ¿Cómo reaccionó el ICAA ante vuestra solicitud de kafala? ¿Tenían previsto algún tipo de protocolo como el que hay establecido ahora?

La primera vez que fuimos al Departamento de Bienestar Social (nos parece recordar que todavía no era ICAA) su interés por la adopción internacional era nulo: sólo buscaban familias de acogida para los niños y jóvenes que tenían tutelados y nos dijeron, literalmente, que de la adopción internacional no se ocupaban. Nosotros lo desconocíamos casi todo de la adopción y la frialdad y desinterés del Departamento nos desanimó mucho, pero el sueño de la adopción era persistente y cada vez nos ilusionaba más. Después de aquel primer viaje inesperado a Rabat, se nos abrieron varios frentes con el Departamento (idoneidad, Marruecos,…) y como no lo conseguíamos, al cabo de un año volvimos a Rabat a tramitar la adopción sin decirles nada.

En esos momentos también en Marruecos había poca experiencia con extranjeros. Tampoco había abogados de referencia y todo el proceso lo hicisteis hacer vosotros solos. ¿Os resultó muy complicado conocer y seguir el protocolo administrativo y jurídico hasta conseguir la kafala, teniendo en cuenta que todavía no estaba promulgada la ley de la kafala de 2002 (ni mucho menos el código de familia de 2004)? ¿Cuánto tiempo invertisteis?

La pareja de amigos nos proporcionó una lista de los documentos marroquíes que debíamos obtener. El objetivo era conseguir los mismos documentos y la estrategia que utilizábamos era ir paso a paso y cada vez que obteníamos un documento preguntábamos cuál era el trámite siguiente y donde teníamos que ir. Lo apuntábamos todo: trámites, direcciones, plazos,… De ahí nació la primera guía. Hubo momentos muy difíciles y dificultades que parecían insalvables. A veces, cuando todo parecía perdido, y sin saber cómo, el camino se allanaba: teníamos un golpe de suerte o aparecía la buena gente. Cada documento que obteníamos era un éxito.

El proceso se alargó bastante porque entonces había dos fases bien diferenciadas: la primera era administrativa y consistía en completar el expediente con documentos tramitados en Marruecos. La duración fue de casi un mes. Después había que esperar la autorización administrativa para adoptar. En la primera adopción nos tardó tres meses y en la segunda casi un año. Después comenzaba la segunda fase, propiamente judicial, que culminaba con la kafala y la autorización para salir del país con el niño. La duración solía ser de unas tres semanas. Después venía el vía crucis del visado que podía -y solía- durar meses. Nos aconsejaron dejar el niño, volver a casa y movilizar la tramitación desde aquí. Este fue, de largo, el trance más doloroso. No hubiéramos pensado nunca que separarse de un hijo fuera tan duro. Nuevamente, como un milagro, el problema del visado se solucionó con quince días.

¿Cuál era la situación de la crèche Lalla Meriem en esos momentos en cuanto a número de niños, condiciones para su atención, posibilidades de ser kafalados, predisposición de la dirección de la crèche…?

Nos parece que más o menos como ahora. Había muchos niños, más de doscientos, y no muy bien atendidos, pero contrariamente a lo que podíamos imaginar el centro no era muy siniestro, los niños estaban bien alimentados y tenían atención médica. Sin embargo, las condiciones asistenciales eran deplorables: dos niños por cama, estimulación sensorial, motriz y emocional nula, higiene escasa, … La dirección estaba en manos de una asistente social que no parecía preocuparse mucho de los niños, aunque nos pareció que una gran mayoría tenían acta de abandono. Los historiales médicos también eran bastante aceptables. Los esfuerzos de sor Antonia, jefa de enfermería, eran bien intencionados, pero no conseguían la implicación de las cuidadoras.

¿Cómo fue el proceso de adopción de vuestros hijos en España? ¿Recurristeis a algún letrado o lo hicisteis sin necesidad de abogado? ¿Existió algún problema derivado del desconocimiento de una figura jurídica tan particular como la kafala?

Con el primer hijo no corrimos nada a instar la adopción. Íbamos renovando el certificado de residencia, pero, de hecho, en todas partes lo inscribíamos con su nuevo nombre y con nuestros apellidos. ¡Continuaba la suerte!

En cambio con el segundo hijo, sólo llegar ya tramitamos la adopción, el traslado del certificado de nacimiento, el cambio de nombre, …

Tanto en un caso como en el otro nos lo llevó un abogado y no hubo ningún problema: la sentencia de adopción no tardó más de un par de meses.

Cuando hicisteis la kafala de vuestro segundo hijo, en el año 2000, vuestro primer hijo ya estaba adoptado en España. ¿Supuso esto algún problema?

No, aunque era un tema que nos intranquilizaba y que en un cierto momento del proceso nos hizo sufrir. Por un lado, teníamos claro que nuestro primer hijo nos tenía que acompañar a Marruecos a hacer la segunda kafala, pero por otro, no las teníamos todas porque él ya tenía pasaporte español. El momento de máxima tensión fue en la Wilaya de Rabat, donde había que obtener la autorización administrativa previa a la adopción. Fuimos nosotros dos y el funcionario sólo nos preguntaba por “l’enfant” e insistía en verlo. Como nosotros tirabamos pelotas fuera nos pidió fotos, pero no llevábamos. La situación era crítica porque nos jugábamos la autorización. Finalmente, regresamos con él y entendimos que el interés del funcionario era constatar la adecuada evolución del niño e incorporar este dato en el informe. En ningún momento nos pidió el pasaporte, ni nos hizo preguntas “comprometidas”.

¿Cuáles son para vosotros las diferencias más notables entre los procesos de kafala de principios de la década respecto a los de ahora?

Ha cambiado la ley y esto significa, entre otras cosas, que ha desaparecido el cedazo de la autorización administrativa previa. Pero seguramente la diferencia más importante es que ahora hay un grosor de experiencia acumulada que cristaliza en el acompañamiento que IMA ofrece a las familias y que permite emprender esta aventura de la adopción en Marruecos de forma más previsible y confiable. Otros cambios importantes son la posibilidad de adopción monoparental femenina y el conocimiento e incorporación de nuevas crèches.

En cuanto a la asociación, ¿cuál era el espíritu que os movió para fundarla? ¿Cómo era la relación entre familias en los primeros años? ¿Qué diferencias más notables hay entre IMA del 2000/2003 y la de ahora?

Desde el momento de nuestra primera adopción quisimos dar a conocer el hecho de que en Marruecos había muchos niños institucionalizados y adoptables, muchas criaturas en situación de vulnerabilidad o desamparo, pero también queríamos romper el discurso ignorante que en Marruecos no es posible adoptar. Y otra cosa que también nos preocupaba era como generar simpatías y cambiar la mirada que los catalanes, y por extensión los españoles, tenemos hacia la gente de Marruecos. Por otro lado, estaba la tarea de presión sobre las administraciones, en especial la DGAIA. Este último aspecto lo canalizamos, al principio, a través de ADOFAM, una asociación de familias vinculadas a la adopción internacional que se creó justamente entonces y que ahora ya está disuelta. Con el tiempo nos dimos cuenta que necesitábamos un canal más idóneo y específico y eso nos llevó a fundar IMA.

Cuando se fundó IMA, en el 2000, éramos muy poquitos. De hecho, sólo nosotros dos habíamos adoptado en Marruecos, pero hubo otras personas, la mayoría no vinculadas a la adopción, que nos apoyaron. Pensábamos que IMA debía ser una red de ayuda mutua que movilizara los sentimientos de generosidad y humanidad que necesariamente se generan con la adopción y que fuera depositaria de los conocimientos y la experiencia adoptiva de las familias que fueran adoptando en Marruecos. Durante estos ocho años IMA ha ido creciendo gracias al esfuerzo y la voluntad desinteresada de muchas personas y, a pesar de las lógicas vicisitudes coyunturales, nos parece que ha mantenido bastantes señas de identidad.

Vosotros sois de los primeros que kafalasteis en Marruecos y vuestros hijos son mayores, están cerca de la adolescencia y los habéis acompañado en su crecimiento. ¿Cómo pensáis vosotros, a partir de vuestra experiencia, que hay que afrontar el hecho diferencial de nuestros hijos y la relación con sus orígenes?

Nuestros hijos son, fundamentalmente, hijos, y aunque la historia familiar previa y su origen biológico son cuestiones muy importantes e intentamos tratarlas con naturalidad, lo subordinamos al hecho básico: son hijos nuestros. Los hijos son una caja cerrada de la que podemos saber qué nos gustaría que saliera, pero no sabemos qué saldrá. ¿Cómo vivirán y qué pasará más adelante con sus orígenes y su diferencia? No lo sabemos. A veces nos preocupa, pero a veces es lo que menos nos preocupa. Estaremos siempre atentos para ayudarlos y acompañarlos hasta donde podamos.

Y ya para terminar este cuestionario, queremos recordar a Sor María, monja católica que durante muchos años y hasta hace poco colaboraba en el Lalla Meriem, con la que establecisteis una buena relación y de la que tenemos un gran recuerdo todas las familias que la conocimos. A modo de anécdota, os queremos preguntar si ¿es cierta la leyenda urbana que dice que fue uno de vuestros testigos en la comparecencia ante la addoul?

Cuando en 1995 fuimos por primera vez a la crèche Lalla Meriem de Rabat a explorar la posibilidad de la adopción conocimos sor Antonia, la antecesora de sor María y jefa de enfermería de la crèche. Aquel primer viaje lo hicimos con las manos en los bolsillos como aquel que dice y no pudimos iniciar ningún trámite. Para hacer algo sor Antonia nos sugirió que nos convirtiésemos: ella misma telefoneó a Monsieur Bouka, un addoul como salido de un cuento, lo hizo venir a la crèche y, efectivamente, asistió como testigo a nuestra conversión al Islam. De sor Antonia podríamos explicar muchas cosas, pero sólo queremos dejar dicho que fue la primera persona que nos comentó la idea de crear una asociación. Podríamos decir que ella es el espíritu inspirador de IMA.

A sor María la conocimos durante nuestra segunda adopción, cuando IMA ya rodaba un poco. Con ella tuvimos mucha menos relación que con sor Antonia, pero también guardamos un buen recuerdo.